miércoles, 8 de junio de 2011

China antigua

La seda, utilizada en China ya en el siglo XXVII a.C., prácticamente fue un monopolio nacional durante siglos. Este material, especialmente adecuado para el clima de Asia oriental de veranos húmedos, podía forrarse con pieles en los meses de invierno. Los escritos de Confucio del siglo VI a.C. incluyen referencias a las normas de vestir para, por ejemplo, recepciones oficiales o periodos de luto. Las primeras representaciones de vestidos chinos, de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), muestran trajes largos con amplias mangas y ceñidos en la cintura, así como chaquetas y pantalones para ambos sexos. El estilo chino de trajes cortesanos llegó pronto a Corea y Japón, avalado por el prestigio de esta civilización.

India antigua

La forma de vestir en la India, por su vinculación desde un principio a las castas, estaba perfectamente diferenciada. La saya o dhoti y el sari de las mujeres aparecen en esculturas del siglo II a.C. y se cree que ambos sexos llevaban prendas sujetas a la cintura y con la parte superior al descubierto. Los hombres llevaban turbantes y las mujeres lucían largos pañuelos a la cabeza y abundantes joyas. Esta forma de vestir permaneció invariable hasta la conquista musulmana de India en el siglo XII d.C.

Griegos y romanos

El origen del vestido tradicional de griegos y romanos no está claro. Los primeros habitantes de la parte occidental de Asia Menor y de la península griega llevaban una especie de calzas y una túnica con mangas similar al traje persa, lo que indica su origen más norteño. En las civilizaciones griega y romana se desarrolló un traje extremadamente sencillo y cómodo formado por el quitón, la clámide y el peplo. El quitón, la prenda base, era corto en el hombre y hasta los tobillos en la mujer. Estaba formado por un rectángulo de tela sujeto o cosido en los hombros y que se ceñía a la cintura con un cinturón o cíngulo. La clámide era una capa corta doblada o sujeta en un hombro que a menudo se llevaba como única prenda; era sustituida en invierno por un manto más largo, el himatión. La mujer vestía el peplo, la versión femenina de la clámide, que iba sujeto a la cintura y tapaba los tobillos. Con el paso de los años esta prenda se fue haciendo cada vez más suntuosa en cuanto a tejidos, colores y adornos.


 
Los primeros romanos llevaban la túnica, semejante a una camisa, y la toga, prenda característica de Roma que se mantuvo como traje oficial y de ceremonia a lo largo de la República y hasta finales del Imperio romano de Occidente. La toga, aunque similar a la clámide o al himatión griego, era una pieza de lana de forma oval mucho más amplia que estas, medía aproximadamente tres veces la altura de la persona, se doblaba a lo largo y se drapeaba de forma estudiada. En el Imperio de Occidente esta prenda llegó a quedar finalmente reducida a una tira de tela, la estola. La túnica (que sobrevivió bajo diferentes formas y cada vez con más adornos) y la estola fueron adoptadas por la Iglesia cristiana. La mujer llevaba una túnica larga que en principio era de lana y más tarde pasó a ser de algodón e incluso de seda, cada vez más sofisticada y recargada, y sobre ella, la estola drapeada cubriendo cabeza y cuerpo.
En el Imperio romano (excepto en la ciudad de Roma, donde estaban prohibidas por ley) se adoptó el uso de las calzas que utilizaron los pueblos conquistados del norte de Europa para protegerse del frío y como parte del atuendo militar. En esta época también se introdujeron los pantalones, prenda procedente del norte de Europa.

medas y persas

Los primeros vestidos conocidos de las zonas más frías del mundo mediterráneo son los de los medas (612 a.C.) y persas (539 a.C.). Los persas llevaban calzones o pantalones con una túnica abierta sujeta con un cinturón. Estas prendas muy ajustadas, tal vez debido al pequeño tamaño de las pieles disponibles, eran llevadas por hombres y mujeres y siguieron utilizándose incluso después de la invasión del Imperio persa por los medas. Estos vestían trajes largos y amplios con mangas de boca ancha. El vestido color púrpura lo utilizó por primera vez en Persia la clase sacerdotal. Los trajes de los sacerdotes también reflejan la influencia de los pueblos conquistados de Mesopotamia, especialmente en cuanto al uso de telas rectangulares con borlas en las esquinas. Los persas también introdujeron en Occidente el gorro frigio de fieltro, a menudo con orejeras. Este tipo de prenda estuvo de moda por última vez en el siglo XVIII durante la Revolución Francesa con el nombre de "gorro de la libertad".
El estudio de la historia del vestido resulta de gran interés. Así, por ejemplo, en el Imperio romano el color púrpura se convirtió en el distintivo de senadores y emperadores y más tarde fue exclusivo de los trajes reales. La tradición de Oriente Próximo de ocultar la cara de la mujer tras un velo tiene su origen en una ley asiria del 1200 a.C. El traje tradicional del Imperio otomano y los vestidos clásicos de los árabes descienden de forma directa de los estilos del mundo antiguo.

Mesopotamia

Los primeros trajes sirios y fenicios, que han llegado hasta nosotros a través de las esculturas, evolucionaron en paralelo con el kalasaris del antiguo Egipto. Hombres y mujeres llevaban una gran pieza rectangular de tela, con una profusa ornamentación, que se envolvía alrededor del cuerpo y se sujetaba al hombro. Esta forma rectangular básica perduró durante muchos siglos, aunque existieron algunos modelos que llevaban aberturas para la cabeza y un brazo. La saya corta representada en algunas esculturas recuerda a la de los egipcios. Más al norte se llevaban prendas más complicadas y ajustadas al cuerpo, y mantos y sayas cortas anudadas a la cintura. También se utilizaba el cuero en el traje militar, posiblemente como protección. Los hebreos, asirios y babilonios vestían una especie de camisa hasta los pies cubierta por un manto o una prenda exterior semejante al kalasaris. Estas prendas, de aspecto rígido, estaban adornadas con flecos y borlas en los bordes y presentaban esquinas rectangulares o redondeadas. Una prenda exclusiva de Babilonia (hoy Irak) era el traje sacerdotal confeccionado con un gran triángulo de tela que se colocaba de forma que el borde con flecos quedaba en diagonal a lo largo del cuerpo y recordaba en cierta manera a un zigurat con rampas en espiral.

lunes, 6 de junio de 2011

Creta


Traje masculino El taparrabo, llevado generalmente en las Cícladas, es de corte y de materias muy distintas: tela ligera, tejido espeso o incluso cuero. Unas veces rodea las piernas formando una falda corta; otras veces, fuertemente sesgado en las caderas, cae en dos delantales. El taparrabo de ceremonia a menudo está abigarrado con una faja que, tiesa a causa de las presillas y los adornos, desciende oblicuamente hasta el nivel de las rodillas. En el continente se superpone o se reemplaza por un calzón cortó, a menudo adornado con un grueso ribete, fijado en el talle por un cinturón fuertemente apretado, que puede estar constituido por cintas recamadas que forman sobre las caderas grandes cascarones tiesos. Generalmente el torso está desnudo, excepto en las escenas religiosas, en que se cubre con una especie de casaca imbricada. A veces se encuentra, echada sobre los hombros, una capa de piel de animal.
Sobre los cabellos largos, se colocan gorros de lana y un gran sombrero plano y redondo, cuya forma recuerda la del petaso griego.
La mayor parte del tiempo los hombres llevan unos borceguíes muy altos, especie de medias botas que suben hasta las pantorrillas, de cuero blanco o gamuza y otros, de cuero rojo, están provistos de correas dando siete vueltas a la pierna. En el interior de las casas y de los santuarios se iba descalzo.

Traje femenino El abigarramiento de los tejidos, la riqueza de los adornos (pliegues, ahuecados, bordados y pasamanerías multicolores) son los caracteres dominantes de esta indumentaria cuyo parentesco con el traje occidental moderno debe resaltarse.
La falda, sujeta con el cinturón y ceñida en las caderas, unas veces es atiesada con aros de metal, otras veces extendida sobre un cono formado por varillas de junco. Si se estrecha en los bajos, está cortada en una tela lisa y separada por galones en veinte bandas horizontales; los volantes caracterizan la civilización minoica: primero, todos son iguales y después, cada vez más estrechos y finalmente, aparecen el fondo de la falda en medio de ellos. Esta última a menudo se cubre con un delantal.
El corpiño, abierto hasta el talle, no disimula el pecho y se ata debajo de los senos y a veces se compone de una camisola transparente sobre la que se ensarta un corto bolero. Los antebrazos están siempre desnudos y las mangas son, unas veces, ceñidas, y otras veces, ahuecadas.
Para montar en carro, se envuelven en una capa larga parecida a la de los hombres; en otras circunstancias, se echan sobre los hombros una, esclavina de piel.
Capotes, “bretones”, “marqueses” adornados con rosetones se colocan sobre los largos cabellos y a veces prefieren para ellos un enorme tocado en forma de cuerno.
El calzado es parecido al de los hombres; pero la mujer, que se queda más en casa, se calza con mucha menos frecuencia.
Las joyas son muy lujosas: anillos, pulseras y collares llevan indistintamente hombres y mujeres, que usan, además, alfileres para los cabellos, espirales en filigrana de oro que se mezclan con los rizos, anillos de oro por los que se pasan las trenzas, diademas y pendientes

Egipto


El vestido básico de los antiguos egipcios era una especie de saya corta de tela alrededor de las caderas y sujeta en la cintura con un cíngulo o cinturón. Un manto, derivado posiblemente de una capa de piel, cubría los hombros. Durante una época se llevó una prenda larga denominada kalasaris que el hombre llevaba como falda sujeta en la cintura y la mujer sujeta al pecho con una tira o como traje largo a veces con mangas. El kalasaris y el manto (con diferentes formas, tejidos y formas de drapeado) se convirtió en el atuendo clásico de los antiguos egipcios. El pueblo llevaba un modelo más corto para trabajar, mientras que los nobles, los sacerdotes y los miembros de la familia real llevaban un modelo más largo que con el tiempo se fue haciendo cada vez más sofisticado en cuanto a pliegues y drapeados. La saya solo sobrevivió como atuendo de ceremonia.